En tiempos como los nuestros, donde la tecnología es algo vertiginoso y lo vertiginoso ya no nos sorprende, cabe preguntarse: ¿qué nos sorprende?
Sorprenderse, el hecho de verse “conmovido”, como lo aceptúa en su segunda definición la RAE, creo que conlleva necesariamente a la pregunta. La sorpresa es una puerta hacia la duda, y dudar es, en algún nivel, criticar.
Escuchaba ayer en una charla de café hablar a un formoseño y un catamarqueño. Uno le decía al otro que vivían en “el otro país”, aquella parte que quienes creen conocerla, piensan es igual a Buenos Aires/Córdoba/Rosario, pero con menos edificios, comercios y otras costumbres. No. No solo no sé conoce, decía uno, si no que se evita darla a conocer.
Yo no sé si realmente existe un interés activo por ocultar cosas que pasan lejos de quienes vivimos cómodos en nuestra posmodernidad, pero mínimamente estoy seguro que hay una indiferencia terrible, enfermiza.
Hace falta solo prender la caja mágica y ponerse a ver cualquier noticioso. Todo es reducido. Todo se simplifica, se polariza, se hiperboliza, se futboliza, etc., etc. Es como si tuviesen que ofrecer películas, buenos y malos, gustos y disgustos, pop-corn.
Cuando David Letterman fue el anfitrión de los Oscars en 1994, llevó, haciendo alusión a la sección de su programa llamada “Stupid Pets Tricks”, un perro que estaba condicionado para perseguirse la cola cuando aplaudiecen. Al principio todo el público gritaba y ovacionaba con ganas, riéndose del truco, pero a medida que perseguía con más y más desesperación su cola se fue haciendo menos gracioso, hasta que la risas empezaron a parar y la gente se empezó a preguntar: “¿Se está burlando de nosotros?”
Esa es exactamente la imagen que se puede observar en los medios. No hace falta irse a canales como E! o MTV o incluso al contenido de programas que nos llegan de allá. No. Mirar tan solo América, Telefé, o cualquiera revista de “actualidad”, remite a la misma imagen: un perro persiguiendose la cola, un medio autista, que se alimenta de si mismo.
Eso me lleva a preguntar: ¿se puede hablar de medios?, ¿medios entre que?
Cuando se llega a un grado de puerilidad tal, pareciere que ya no se puede hablar de medios. Los canales adquieren solidez propia y toman forma real en el imaginario popular. Ya no son algo que se encuentra entre el usuario y el mundo, sino un mundo propio.
La TV se transfigura en “ventana”.
Hago un llamado a la actitud crítica. Sorprendernos es algo que no deberíamos darnos el lujo de perder.