FuegosSeptember 30, 2006 12:44 pm

“No me meto en política, no me meto ni despotrico contra ningún gobierno o raza. Intento hacer algo fácil, divertido, alguna canción en que la gente se sienta partícipe, que la chica que está bailando le excite bailar esa canción, que forme la historia de esa chica, ese chico o ese grupo que esté bailando. ¿Poesía? Cada uno llama poesía a lo que quiere. Yo lo que trato de hacer es algo divertido, algo que rime” - King África

Una de las características más relevantes de los superventas es que son ideológicamente estériles. Esta virtud es la que les hace imprescindibles en un sistema que basa su supervivencia en la desinformación, la pasividad y la distracción.

El hecho de que la mayoría de los cantantes muchimillonarios no tomen partido por nada, tiene, como casi todo, razones de mercado. Es bien sabido que el objetivo de un superventas no es otro que el de supervender. Decantarse por una ideología, cualquiera que sea, puede suponer la extirpación inmediata de un sector comercial. Las discográficas son conscientes de que los temas polémicos polarizan el mercado, y esa es la razón por la que el 95% de la música está copada por movimientos sexis, cachetes con cachetes y pechitos con pechitos.

El hecho de que la cultura que es comercialmente rentable sea la que resulta aséptica, tiene un efecto importante en la sociedad. La cultura es fundamental en el desarrollo personal y puede ser la línea que marca la diferencia entre que tu hijo se preocupe porque no tiene Nikes con muelles o por el precio de la vivienda. Son los grandes poderes económicos los que fabrican la ideología y te la transmiten en forma de publicidad, de noticia o de canción del verano. La aparición de las redes P2P pone en jaque el pensamiento cero que promocionan estos ídolos de cartón piedra desde todos los medios de comunicación.

Esta realidad, que multiplica neuronas y melómanos, es el enemigo público número uno de las discográficas y de los gobiernos, que se han lanzado a una campaña propagandística para advertirte de que tu interés por acceder a la cultura es inmoral, ilegal y peligroso.

Como sería intragable que un magnate discográfico apareciera en televisión con su corbata y su gomina para exigir a la sociedad que dejen de descargar música, la estrategia a seguir ha sido la de enfrentar a músicos con los que deberían ser sus aliados.
 
Que los músicos morirán de hambre es el principal argumento que esgrimen estos guiñoles y el gobierno, utilizados como señuelos por las grandes corporaciones. Según EFE la Ministra de cultura dijo que era importante hacer una nueva Ley de la Propiedad Intelectual para luchar contra la piratería porque, de lo contrario, "nadie querrá trabajar y dedicarse a este campo tan importante y con el que muchos comen a final de mes”.

Lo cierto es que ese es literalmente el problema: con el actual sistema muchos comen a final de mes, pero el resto de los días no prueban bocado. Sería bueno que tiraran la casa por la ventana con esta reforma e intentaran que los autores al menos pudieran picar algo durante el mes entero.

La ministra, cuando da estas declaraciones, pretende referirse al proletariado de la música pero para preparar esos discursos se reúne con la élite. ¿De verdad Bisbal, Alejandro Sanz y Caco Senante son buenos ejemplos de cantantes que comen solo a final de mes? ¿Tiene pinta Caco Senante de llevar esa dieta?

Los superventas con los que habitualmente se reúne la Ministra no solo no son representativos sino que los efectos que las descargas tienen sobre ellos son muy distintos a los que tienen en la gran mayoría de músicos.

La razón por la que los que venden discos por millones se quejan por el intercambio de Internet es porque éste da a los músicos lo que los superventas ya tienen: publicidad.

Los conciertos de Alejandro Sanz no aumentan por mucho que se distribuya su música por las redes P2P. Si este cantante va a tu ciudad, tú ya sabes si su concierto te va a gustar o no, o si merece o no la pena ir, aunque no hayas escuchado un disco suyo en toda tu vida.
Los superventas, en otras palabras, no necesitan de las redes de intercambio para que se les conozca, porque de eso ya se encargan los medios masivos de comunicación.

Y no solo no les da, sino que les quita. Tú mismo recordarás que dejaste de ser fan de los Backs Streets Boys el día que aquel tipo del pelo largo que se sentaba a tu lado en clase de Ética, te enseñó un mundo de música independiente que ni siquiera sabías que existía. Los Back Streets Boys ya podían olvidarse de ti.

Ese alumno que te sacó del mundo de la música prefabricada y que es el enemigo número uno de las multinacionales, está ahora multiplicado por millones en las redes de intercambio de archivos en Internet. Más de cien millones de personas que comparten música y que se descubren cada día mutuamente que hay vida más allá de Bustamante. Los conciertos de muchos superventas no solo no suben, sino que corren el riesgo de bajar si sus fans descubren que hay otros mundos.

De hecho, según el anuario de la SGAE de 2004, los “grandes conciertos” (aquellos que tienen más de 2.500 espectadores) han bajado de 1.104, en el año 2002, a 865 en 2003, mientras que los “conciertos normales” han subido drásticamente de 71.469, en 2002, a 100.458, en 2003.

El mercado de la música está basado en los superventas: seis o siete grupos o cantantes que venden por millones porque los medios de comunicación te recuerdan que los debes oír si te consideras una persona normal. El mayor peligro de las redes P2P es que diversifica los gustos que antes estaban concentrados. El intercambio descubre la música a mucha gente, y música es precisamente lo que las grandes multinacionales no venden.

La reseña publicitaria de El Corte Inglés al disco del Santa Justa Klan dice que los personajes de la serie Los Serrano que forman ese grupo “apenas saben tocar una nota”. Eso no ha impedido que se coloquen en el primer puesto de la lista AFYVE. La publicidad explica el éxito. Sin contar la mucha que ya les da la serie de televisión, estos cuatro pitufos makineros del siglo XXI recorrieron los platós y tuvieron toda la promoción que los grupos que se creen lo que hacen querrían. Y la que no querrían también la tuvieron: les abrió sus puertas la Gala de Mister España y el Programa de Ana Rosa Quintana donde los presentadores se pusieron a saltar “a toda mecha” sobre los sofás lanzando cojines como si tuvieran un ligero retraso mental. Ante este jolgorio, lo menos que hará tu hijo es exigirte el disco, y de ahí al número uno hay un paso. El negocio de las multinacionales es el de la venta de productos musicales que solo exigen dos requisitos a los consumidores: que tengan 20 euros a mano y que no sepan demasiado de música.

El hecho de que las multinacionales buscan un mercado predecible no es una suposición, sino que es un pecado confesado por ellas mismas. Cuando las estaciones de radio más minoritarias preguntaron a la RIAA por qué establecía un precio tan alto para la comunicación pública de sus obras expulsando así a cientos de emisoras, la RIAA contestó: “la verdad es que no queremos que el modelo sea el de una industria con miles de emisoras, creemos que debería ser una industria con cinco o siete grandes actores que puedan pagar una tarifa alta y que sea un mercado estable, predecible”.

El que los superventas sean los únicos que aparecen por televisión, hace pensar a muchos que el negocio de la música reporta a los cantantes piscinas olímpicas y mansiones en Miami y que por tanto la opinión de esos magnates sobre la piratería es secundada por la gran mayoría de un sector que muchos suponen millonario por definición. La realidad es muy distinta a esa, según el presidente de la SGAE, solo el 4% de los 70.000 socios de su entidad cobran más del salario mínimo interprofesional. A pesar de ello, son éstos, una minoría dentro de una minoría, los que salen en televisión representando a todos los demás. Mientras tanto, las encuestas dicen que la mayoría de los músicos cree que desde que existe Internet gana más dinero que nunca.

Del estudio “Ingresos de los artistas y ‘copyright’; una revisión de datos de las industrias musicales alemana y británica en el contexto de las nuevas tecnologías” se deduce que la base económica que sustenta al 90% de los músicos de los que nunca se habla, son las fuentes indirectas como la docencia, las conferencias y los conciertos. Si eso es así, para ese 90% es un buen negocio el descenso de la venta de discos a cambio de la popularidad que consiguen a través de los intercambios en Internet que hacen que aumenten todos los demás conceptos, que conforman su verdadero sustento.

Los músicos que más venden no solo son los únicos con voz sino también los únicos con voto. Nunca sabremos si la posición de SGAE tiene algo que ver con la de los socios que la componen porque solo pueden votar los que alcanzan una cantidad de ingresos anuales lo suficientemente elevados como para excluir a casi todos. Además, dentro de esos pocos elegidos, la cantidad de los votos se reparte dependiendo de si eres de los que ganan mucho o de los que ganan muchísimo. En las últimas elecciones, celebradas en el año 2001, fueron 6.461 socios los que tenían derecho a voto según este sistema que mide la idoneidad de tus decisiones a través de tu bolsillo. Ese número de votantes no significa ni el 10% de los autores integrados en SGAE. Teddy Bautista, presidente del Consejo de Dirección de SGAE, dice que él representa “al albañil de todo esto, al que está en el andamio constantemente", sin embargo no son precisamente los albañiles de la música los que pueden votar para elegir quién y cómo debe representarles.

En un debate radiofónico con motivo de la Campus Party, Pedro Farré, lo intentaba justificar así:

Jorge Cortell: ¿Pueden todos los miembros de la SGAE votar?

Pedro Farré: En la SGAE, de una u otra forma, como en toda sociedad, como en toda fundación, como en toda organización regida por el derecho, sus socios pueden participar de una u otra forma. Es decir es una sociedad que se rige por principios democráticos.

[…]

Javier Candeira: ¿Pueden votar y cuenta su voto igual el del pequeño músico que acaba de empezar que el del grande?

Pedro Farré: Hombre, pues no, porque tenemos unos estatutos que establecen otro sistema pero esos estatutos, como en cualquier organización, se pueden cambiar.

Javier Candeira: Pero el pequeño no puede votar porque tiene menos votos que el grande. No puede cambiar esos estatutos

Pedro Farré: Bueno, claro, pero, pero bueno, eso ocurre en cualquier tipo de organización de este tipo. Es que eso es lo normal. Lo normal es que así sea, claro. En cualquier sociedad no todos los miembros, no todos los socios, tienen el mismo número de votos. Es decir, es que no estamos hablando de unas elecciones como las que hay por ejemplo en España. En un país, pues, para elegir por ejemplo al presidente del gobierno o al parlamento, es que esto es otra cosa…".

Efectivamente es otra cosa, y se llama voto censitario. Este sistema no solo le importa y afecta a los músicos si tenemos en cuenta que entidades como la SGAE, dirigidas como vemos por una élite económica, son las que promocionan las campañas publicitarias contra la “piratería”, influyen en los legisladores y organizan cursos a jueces y policías para ilustrarlos sobre la realidad de la propiedad intelectual desde su particular e interesada perspectiva.

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Extracto del libro "Copia este libro", capítulo "La industria y los artistas", de David Bravo Bueno.
Fuentes en el final de dicho capítulo. Descarga del libro aquí

 

FuegosSeptember 26, 2006 12:15 am
¿Se puede ser heroe por omisión?
Porque si así es, Stanislav Petrov cumple hoy 23 años de la decisión que lo llevó a ese estatus.

Señoras, señores. Muchos no lo apercibieron, mucho aún hoy no lo saben. Muchos no habíamos nacido.

En 1983, antes de la internet como la conocemos hoy día, antes los celulares y el furor MTV, entre el día de ayer y hoy (25-26 de septiembre) el mundo estuvo posiblemente más cerca que nunca del cataclismo más temido e irónicamente humano de aquellos viejos(*) días: la guerra[*] nuclear.

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SERPUJOV, RUSIA, 26 DE SEPTIEMBRE DE 1983

A un centenar de kilómetros al sudoeste de Moscú se halla el búnker de Serpujov-15, donde en esa época se centralizaba la información proveniente de los sistemas de alerta de la URSS ante un posible ataque a su territorio con misiles intercontinentales. Las normas vigentes en ese entonces no están del todo claras, pero puede afirmarse que el deber del oficial a cargo era el de validar cualquier alerta surgido del sistema e iniciar el procedimiento de represalia. Una vez iniciado éste, sólo restaban entre diez y doce minutos antes de que la decisión del contraataque fuera irreversible: ése era el tiempo que tenía el Kremlin para decidir si detenía o no el Armagedón.

En la noche del 25 al 26 de setiembre de 1983, el oficial al mando era un teniente coronel de 44 años, llamado Stanislav Petrov. A las 0:15 del 26, las computadoras interpretaron un destello detectado sobre Montana, EE. UU., por uno de los nueve satélites Oko ("ojo") como señal de que un misil había sido disparado hacia la Unión Soviética. Petrov creyó que se trataba de un error: un ataque con un solo proyectil no tenía ninguna lógica. ¿Qué presidente norteamericano lanzaría un solo misil contra la URSS, sabiendo que la respuesta serían miles y miles? Petrov sabía que circulaban muchos cuestionamientos a la confiabilidad del sistema, y que la posibilidad de un fallo no era despreciable: la supercomputadora M-10 era considerada poco menos que un montón de chatarra, y no había sido reemplazada por una más potente por el embargo que los Estados Unidos había impuesto a la venta a Moscú de tecnología avanzada. Además se sabía que los satélites Oko habían sido puestos en órbita más para simular ante los norteamericanos la existencia de una sofisticada red de alerta que para organizar una defensa eficaz.

Poco tiempo después, los sistemas anunciaron que un segundo misil había sido disparado. A esta alarma le siguieron rápidamente tres más: ahora tal vez había cinco misiles viajando con su carga de destrucción hacia territorio soviético. Los radares no podían detectar blancos más allá de la línea del horizonte; para cuando estuvieran en condiciones de confirmar o negar el ataque, podría ser muy tarde como para responderlo. Petrov no tenía otra información disponible más que las cinco alertas; intuía que eran otros tantos fallos del sistema, pero ¿si no lo eran? Estaba consintiendo ni más ni menos que la devastación de su propia nación. Por otra parte, si iniciaba el procedimiento de represalia, existía una probabilidad muy elevada de que el mismo terminara desatando un contraataque total inmediato. En cualquiera de los dos casos, ello equivaldría a la muerte de millones de personas.

El aire se cortaba con un cuchillo en Serpujov-15, y Petrov estaba bajo una presión y un nerviosismo tal que no pudo volver a dormir durante varios días. Sin otra información que la que le brindaban las computadoras del búnker, Petrov, con el corazón en la garganta, decidió confiar en su intuición y avisó a su superior, el general Yuri Votintsev (a su vez encargado de despertar al Ministro de Defensa, Dimitri Ustinov) que el sistema había emitido una falsa alarma. Los cinco minutos que pasaron hasta que fue evidente que Petrov estaba en lo cierto escapan a cualquier descripción en palabras mínimamente adecuada.
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Lo que resulta tan particular del hecho, creo yo, es que su accionar era el punto de inflexión en la coyuntura en la que se encontró, y actuó "bien". Léanse los detalles concernientes al asunto en los links y se verá lo delicado de la situación. Súmese el contexto político y reflexiónese {*}

Para quienes nacimos hacia el final de un periodo de casi 50 años en el que se vivieron
tantas tensiones, cosas como estas parecen ilusorias y a veces ni parecen. 
No tenemos memoria ni conocimiento de ellas.
Pero lo cierto es que, más allá de que nos haya tocado vivir en el fin de la historia, todavía lindamos demasiado cerca con un tiempo donde se sucedieron muchos cambios, un tiempo tan virulento como fue el del siglo XX.

Si señoras y señores, nosotros, la gente del siglo XXI, somos en gran medida producto de tan barbárico siglo, pero con arrojo e ingenio, con la protección del dios Mercado, hemos superado esa parte vernácula de nuestra naturaleza. 

Larga vida a… eh, solo larga vida.

(*): Los tiempos se aceleran. "20 años no es nada" diría un viejo compadrito.

[*]: Nótese la interesante utilización tan usual del término. ¿Qué clase de guerra es aquella donde lo único que queda es la aniquilación completa y total del enemigo; donde no existe posibilidad 
de que esa aniquilación no sea respondida de igual manera?

{*}: Imaginar: estar en una habitación circular con los ojos vendados. Vuestro némesis se encuentra también en la habitación. Se tienen los ojos vendados y él se encuentra en la misma situación. Hay que resistir un tiempo indeterminado allí. Si uno ataca por delante al otro, los dos mueren. Si uno le ataca por detrás, se salva y muerte el otro. 
Ahora, se escuchan pasos…

Recursos:

Stanislav Petrov

Stanislav Petrov (Fuente del recorte)

Stanislav Petrov (Wikipedia/inglés)

20 casos que pudieron haber comenzado una guerra nuclear

FuegosSeptember 21, 2006 7:06 pm

En tiempos como los nuestros, donde la tecnología es algo vertiginoso y lo vertiginoso ya no nos sorprende, cabe preguntarse: ¿qué nos sorprende?

Sorprenderse, el hecho de verse “conmovido”, como lo aceptúa en su segunda definición la RAE, creo que conlleva necesariamente a la pregunta. La sorpresa es una puerta hacia la duda, y dudar es, en algún nivel, criticar.

Escuchaba ayer en una charla de café hablar a un formoseño y un catamarqueño. Uno le decía al otro que vivían en “el otro país”, aquella parte que quienes creen conocerla, piensan es igual a Buenos Aires/Córdoba/Rosario, pero con menos edificios, comercios y otras costumbres. No. No solo no sé conoce, decía uno, si no que se evita darla a conocer.
Yo no sé si realmente existe un interés activo por ocultar cosas que pasan lejos de quienes vivimos cómodos en nuestra posmodernidad, pero mínimamente estoy seguro que hay una indiferencia terrible, enfermiza.
Hace falta solo prender la caja mágica y ponerse a ver cualquier noticioso. Todo es reducido. Todo se simplifica, se polariza, se hiperboliza, se futboliza, etc., etc. Es como si tuviesen que ofrecer películas, buenos y malos, gustos y disgustos, pop-corn.

Cuando David Letterman fue el anfitrión de los Oscars en 1994, llevó, haciendo alusión a la sección de su programa llamada “Stupid Pets Tricks”, un perro que estaba condicionado para perseguirse la cola cuando aplaudiecen. Al principio todo el público gritaba y ovacionaba con ganas, riéndose del truco, pero a medida que perseguía con más y más desesperación su cola se fue haciendo menos gracioso, hasta que la risas empezaron a parar y la gente se empezó a preguntar: “¿Se está burlando de nosotros?”

Esa es exactamente la imagen que se puede observar en los medios. No hace falta irse a canales como E! o MTV o incluso al contenido de programas que nos llegan de allá. No. Mirar tan solo América, Telefé, o cualquiera revista de “actualidad”, remite a la misma imagen: un perro persiguiendose la cola, un medio autista, que se alimenta de si mismo.

Eso me lleva a preguntar: ¿se puede hablar de medios?, ¿medios entre que?

Cuando se llega a un grado de puerilidad tal, pareciere que ya no se puede hablar de medios. Los canales adquieren solidez propia y toman forma real en el imaginario popular. Ya no son algo que se encuentra entre el usuario y el mundo, sino un mundo propio.

La TV se transfigura en “ventana”.

Hago un llamado a la actitud crítica. Sorprendernos es algo que no deberíamos darnos el lujo de perder.

FuegosSeptember 20, 2006 2:26 am

Respecto a las causas de este blog.

Causa material: El soporte gratuito de los servidores de Blogsome para la creación de blogs.
Causa formal: Las hojas de código ofrecidas, levemente modificadas por mi para su traducción al español y la eliminación de aspectos poco importantes.
Causa eficiente: Mi motivación emocional ocasional respecto a un tema.
Causa final: Tratar, o al menos cuestionar, los objetos de mi motivación. Dejar un registro de ello.

Addendum: 5 desvíos.

FuegosSeptember 18, 2006 2:47 am

¿Qué es CADRA?

CADRA - Centro de Administración de Derechos Reprográficos, Asociación Civil, es una asociación de gestión colectiva de derechos de autor que representa y defiende colectivamente los derechos de propiedad intelectual de carácter patrimonial de los autores y editores de obras escritas protegidas por el derecho de autor, tales como libros, revistas, publicaciones periódicas, etc.

Esta asociación cobra remuneraciones a aquellos que violen los derechos de propiedad intelectual de sus miembros, y luego distribuye una vez al año entre ellos:

…conforme las normas del Reglamento de Reparto. Dicho Reglamento tiene como objetivo que el reparto resulte equitativo, proporcional y excluya todo tipo de arbitrariedad.

Parece ser que son de la opinión de que:

…los autores y la industria editorial argentina se han visto perjudicados por la fotocopia indiscriminada de libros de distintas temáticas, pero muy especialmente aquellos que se utilizan en los establecimientos educativos.

Yo tengo dudas.
¿Estos libros se usan en establecimientos educativos públicos?
¿Qué razones llevan a contemplarlos en el programa de estudios?
¿Qué alternativas existen a su utilización?

Referente a lo siguiente:

Estas reproducciones ilegales realizadas sin ninguna autorización ni compensación, tuvieron un crecimiento exponencial en los últimos años, producto de las innovaciones tecnológicas, y actualmente no sólo perjudican a autores y editores, sino que desalientan la publicación de nuevos libros, afectando el desarrollo cultural de la comunidad y la divulgación de nuevas investigaciones.

Tengo dudas:
¿A que responde el crecimiento exponencial de las reproducciones ilegales?
¿Los autores realmente se sienten desalentados por una remuneración inadecuada?
¿Qué gravedad tiene sobre las cuentas la reproducción ilegal?
Si estas divulgaciones fuesen publicadas de forma menos restrictiva y alentando su reproducción, ¿qué efecto tendría la difusión en comparación con otras publicaciones?

Ciertamente que vengan a exigir el cobro de $455 a un local que provee de copias, si no exclusivamente, en casi su totalidad a universitarios no parece algo que ayude en demasía al "desarrollo cultural".

Entro bastante en cortocircuito cuando se trata de cuestiones de propiedad intelectual, copyright, patentes y otras monopolizaciones demasiado comunes. Me parece que la ideas no son un recurso agotable ni mucho menos un recurso. Son creaciones individuales/colectivas, y sobre todo humanas.
Querer retener en soportes materiales la difusión de una obra intelectual me parece un error y terrible detrimento cultural. Considerar ciertos formatos estéticos o funcionales, pensamientos, expresiones y demás productos de la creatividad humana como algo análogo a los productos de la acción física es sencillamente equívoco.

Me parece que existen otros medios para que los creadores de lo comprendido por el artículo 1° de la ley 11.723 puedan verse gratificados económicamente por ello, que restringiendo su uso y difusión hasta 70 años después de su muerte. Más aún, creo firmemente que la creación de modelos de publicación más abiertos y acorde las posibilidades telemáticas actuales actuaría, de la mano de políticas que lo apoyen educativa y mediaticamente, de forma mucho más enriquecedora para la sociedad y el autor.

Nota: No vale considerar esto como una defensa a una liberalización de la información. No es la intención y es indigno.

Addendum: Se puede encontrar una respuesta a esta entrada aquí.

Fuentes:

www.cadra.org.ar

Ley 11.723

Ley 25.036